Recuerdo: la visión de Balsamino Bálsamo sobre nuestra Cámara

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Yo ya conocía a muchos de ellos… Era muy nuevo en el tema, hacía poco que había empezado con mi negocio de repues­tos. Después de ese encuentro, mi amigo me dijo «¿Por qué no empezás a participar de nuestras reuniones? «, y es así como empecé a interiorizarme con la Cámara. Ese primer encuentro me resultó muy agradable. Lógicamente, al principio iba de oyente. Había personas con muchos años de andar en estas líneas. Gente que era un libro abierto, que uno al escucharlos se quedaba mudo; porque teman tanto conocimiento a comparación conmigo, que era un novato. Pero aprendía mucho de ellos. Así fue como comencé a in­cursionar con ellos, a asistir a las reuniones, a participar de la comisión directiva. El primer puesto que ocupé fue de vocal suplente. Comenzó a correr el tiempo y llegué a ser presi­dente de la entidad en el año 1968.

Una cosa que yo rescato, muy agradable de la cámara, fue el grupo humano con el que me encontré. Un grupo humano extraordinario, que nos hicimos tan amigos, que la parte comercial trascendió hasta el ámbito familiar; porque ya eran reuniones con nuestras esposas, con nuestros hijos. En una de esas juntadas, decidimos comprar la primera casa de la Cámara, que estaba ubi­cada en Villa Rivera Indarte. Recuerdo que era un caserón lleno de yuyos. Pero sin em­bargo, a pesar de la distancia, íbamos todos y trabajábamos con muchísima voluntad; realizando arreglos de todo tipo, refaccio­nes. Al finalizar el día, rematábamos con un asado, con una reunión de tipo familiar, to­dos juntos. Para mí fue algo muy importante.

Ese grupo humano con el que me encon­tré en la Cámara, no lo podré olvidar jamás.

Muchos de ellos, desgraciadamente, hoy ya no están. Pero era una cosa tan in­creíble para mí. Recuerdo que cuando asis­tía a esas reuniones, veía que colegas de la misma rama, eran amigos.

Es decir, no era lo que uno podía ver desde afuera como «rivales», porque se dedicaban a la misma cosa. No eran rivales, eran colegas. Cada uno con su librito manejaba su negocio, pero eran amigos. Incluso yo conocí un caso de una persona que ingresó a la Cámara, y en la misma había un colega con el que no se lle­vaban muy bien, era de esas rivalidades co­mo existen en el fútbol, de esas tonterías que hacemos los humanos.

Pero fue que, partici­pando ambos en la Cámara, comenzaron a hablarse, a incorporarse no sólo a la cuestión comercial, sino al grupo humano; y decían «¡pensar que nos odiábamos tanto, porque buscábamos de quitarnos clientes, y ahora hacemos flor de negocios juntos!». Esas son cosas que me resultan imposibles de borrar de la memoria… Cómo se formó ese grupo humano … ¡Era una camaradería extraordi­naria!.

Peleábamos todos juntos por el tema de los impuestos, con la Municipalidad, con los tantos gobernantes (que cambiaban cada dos por tres en aquella época). Pero también peleábamos por atraer gente a la Cámara, lo cual era una ardua tarea.

En síntesis, quiero expresar mi profun­do agradecimiento por el vínculo humano con que me encontré allí. Me enorgullece muchísimo aquellas lindas amistades que hemos logrado entre las familias.

Pero quisiera agregar por último, que la historia de la Cámara de Repuesteros de Córdoba, es una historia llena de sacrificios; de trabajo a pulmón por parte de to­dos los que la integrábamos, y sobre todo, de mucho esfuerzo para lograr lo que es actualmente.