Ford Focus RS

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Al buen aficionado, las siglas RS en un Ford siempre le han puesto sobre aviso. Sabe que no se encuentra ante un coche más, sino uno que ha pasado por las manos del departamento de preparaciones deportivas de la marca.

Sin ir más lejos, el primer Focus RS era una bestia parda que había que domesticar a base de talento y manos, pues carecía de casi cualquier ayuda, y que se ha convertido en una de las piezas más cotizadas de los amantes de la conducción deportiva.

Todo apunta a que con su sucesor puede pasar otro tanto. Aunque con un importante matiz. Si el anterior Focus RS era discreto, el recién llegado nos recuerda a los gloriosos e hipertrofiados Sierra y Escort Cosworth a base de alerones, el frontal y las aletas sobredimensionados, o el difusor y el spoiler colocados en la parte trasera.

Si además el comprador opta por el color verde pistacho de la unidad probada, que se arme de paciencia ante las miradas indiscretas, los curiosos que quieren hacer una foto, incluso la gente que le felicitará por su adquisición.

En Marcha

En el fondo, la sonrisa va por dentro de quien sabe lo que maneja, sentado en un habitáculo reconocible por el pedalier de aluminio, los relojes adicionales sobre la consola o los impresionantes asientos Recaro, tan cercanos a los de competición que su regulación en altura es a base de tornillería.

Sujetan el cuerpo como un guante y la única pega es que no se hayan montado otros detrás para alivio de unos ocupantes (sólo se han homologado cuatro plazas) que sufrirán mucho más las inercias de la conducción rápida, rápida que demanda el coche.

Lo hace desde que se arranca (mediante botón) el motor y llega a nuestros oídos su melodía, perfectamente estudiada. Insertamos la primera marcha –son seis en un cambio muy rápido y preciso–, apretamos al máximo el acelerador y la rápida dirección se endurece sobremanera, obligando a mantener las manos bien aferradas al volante para evitarnos algún susto.

Una vez pasada esta primera impresión de conducción, el resto es pura deportividad. El motor empuja como un poseso, las marchas se engranan con total precisión y el paso por curva se vuelve endiabladamente rápido, incluso notamos como en algunas se levanta la rueda trasera interior regalándonos un plus de deportividad.

Queda claro que las enérgicas y duras suspensiones, más un chasis muy bien afinado trabajan a destajo y confirman que la marca ha sabido manejar los más de 300 caballos disponibles a pesar de que la tracción pasa sólo por el eje delantero. También es cierto que ha complementado éste con un diferencial autoblocante que resulta muy eficaz en zonas de curvas. Y ha cerrado el círculo (virtuoso) con unos enormes frenos que aportan mordiente, resistencia y equilibrio a la hora de detener el automóvil.

Un coche que, por cierto, sirve para más que cumplir sueños deportivos. También se adapta a un uso diario sin tirones, ni una rudeza excesiva y los consumos, altos, sólo se vuelven insoportables apurando al máximo. Aunque hay que estar dispuesto a llamar la atención y tener los 34.000 euros que cuesta, una cifra que ni es inalcanzable ni resulta desproporcionada. Al contrario, visto lo que se entrega a cambio.

Conclusión

Este compacto deportivo destaca por su motor de cinco cilindros, 2,5 litros y 305 caballos; por el conjunto formado por el chasis y las suspensiones, así como por su estética deportiva y la potencia de los frenos. Por el contrario, es mejorable la elevada rumorosidad mecánica, la extrema dureza de la dirección y de las suspensiones.

Fuente: El Mundo Es

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