Ford Focus RS
Tuesday, 6 de October de 2009Al buen aficionado, las siglas RS en un Ford siempre le han puesto sobre aviso. Sabe que no se encuentra ante un coche más, sino uno que ha pasado por las manos del departamento de preparaciones deportivas de la marca.
Sin ir más lejos, el primer Focus RS era una bestia parda que había que domesticar a base de talento y manos, pues carecía de casi cualquier ayuda, y que se ha convertido en una de las piezas más cotizadas de los amantes de la conducción deportiva.
Todo apunta a que con su sucesor puede pasar otro tanto. Aunque con un importante matiz. Si el anterior Focus RS era discreto, el recién llegado nos recuerda a los gloriosos e hipertrofiados Sierra y Escort Cosworth a base de alerones, el frontal y las aletas sobredimensionados, o el difusor y el spoiler colocados en la parte trasera.
Si además el comprador opta por el color verde pistacho de la unidad probada, que se arme de paciencia ante las miradas indiscretas, los curiosos que quieren hacer una foto, incluso la gente que le felicitará por su adquisición.
En Marcha
En el fondo, la sonrisa va por dentro de quien sabe lo que maneja, sentado en un habitáculo reconocible por el pedalier de aluminio, los relojes adicionales sobre la consola o los impresionantes asientos Recaro, tan cercanos a los de competición que su regulación en altura es a base de tornillería.
Sujetan el cuerpo como un guante y la única pega es que no se hayan montado otros detrás para alivio de unos ocupantes (sólo se han homologado cuatro plazas) que sufrirán mucho más las inercias de la conducción rápida, rápida que demanda el coche.
Lo hace desde que se arranca (mediante botón) el motor y llega a nuestros oídos su melodía, perfectamente estudiada. Insertamos la primera marcha –son seis en un cambio muy rápido y preciso–, apretamos al máximo el acelerador y la rápida dirección se endurece sobremanera, obligando a mantener las manos bien aferradas al volante para evitarnos algún susto.

Primero fue el i30, que sustituyó al Accent. Después llegó el i10 que reemplazó al Atos. Y ahora le toca el turno al i20, un pequeño utilitario que nace con la difícil misión de suceder al Getz. Y decimos que se trata de un objetivo complicado, puesto que su antecesor, con medio millón de unidades vendidas en Europa a lo largo de siete años, puso el listón muy alto.










